Columna de opinión por: César Araya Zarricueta, académico del Departamento de Educación Física.
Ya ha pasado más de un mes desde que estudiantes de la UDA toman (literalmente), la decisión de manifestarse, “nuevamente”, sobre los problemas de seguridad que afectan la convivencia diaria en nuestra comunidad. Esto es algo que lamentablemente obliga a tomar conciencia respecto a que “los problemas seguirán siendo problemas, si no tienen solución”, es por ello que ignorar un problema o atenderlo desde la inmediatez, no lo hace desaparecer; por el contrario, a menudo lo acrecienta, haciendo que las soluciones sean más complejas mientras el tiempo transcurre. En el conflicto actual, la acumulación de problemas no resueltos puede llevar a una carga emocional significativa, contribuyendo a la ansiedad e incluso, el estrés crónico.
Dicho esto, y ad portas de volver a retomar el año académico, en esta columna me atreveré a opinar y también a proponer algunas estrategias o sugerencias que podrían ayudar a mejorar los niveles de confianza, a la hora de compartir y ser parte de la cotidianeidad, más aún si tomo como referencia lo planteado hace 30 años por Jaques Delors en su libro, La educación encierra un tesoro, donde indicaba que “El proceso de aprender a vivir juntos se encuentra en el corazón del aprendizaje y puede verse por lo tanto, como el fundamento crucial de la educación”.
Bajo ese fundamento, como estrategia no solo es válido considerar lo indicado en la Misión y Visión de la UDA, ni aplicar la estructura reglamentaria o administrativa para intentar mantener comportamientos que estén a la altura de lo que significa convivir en un ambiente académico, sino que también, es importante que la institución estimule buenas prácticas desde lo formal hasta acciones de fondo, que apunten a reforzar las dimensiones de la convivencia estudiantil universitaria. (Sociorelacional, Comunitaria, Académica etc.). A ello se debe agregar las normativas vigentes, respecto al comportamiento que debemos tener los y las funcionarias públicas, especialmente quienes lideran las diversas direcciones en el organigrama institucional, en lo que respecta a probidad y buen trato.
Por otra parte, ya que la institución en estos últimos años ha logrado implementar o potenciar políticas que nos han permitido vivir de manera democrática, inclusiva y respetuosa, como sugerencia creo necesario en las prácticas curriculares, reforzar bajo metodologías activas, el sentido de la cooperación, colaboración, trabajo en equipo, y darnos el tiempo de abordar temáticas como la comunicación clara, empatía, diversidad, resolución de conflictos y desde ahí generarles mayor conciencia sobre la responsabilidad social que asumirán como profesionales, que a futuro influirán o afectarán la vida de las personas. En resumen “Necesitamos que el aula deje de ser solo un espacio de notas y se convierta en un laboratorio de respeto y trabajo en equipo».
Para finalizar propongo que cada Facultad tenga un “Plan de Trabajo Anual” para trabajar las dimensiones de la convivencia universitaria, con el apoyo de la direcciones superiores correspondientes y así reforzar de manera preventiva aquellos aspectos que pudiesen afectarla, ya que «La seguridad no es solo poner cámaras; es volver a confiar en quien camina a nuestro lado en el campus”.


