En los últimos días, el debate público sobre el uso del lenguaje inclusivo en las instituciones del Estado ha vuelto a instalar una pregunta de fondo: ¿Es la forma en que nos comunicamos un asunto meramente lingüístico o también una expresión de los valores que promovemos como sociedad?
Para la Universidad de Atacama, la respuesta ha sido clara y sostenida en el tiempo. La comunicación inclusiva y no sexista no constituye una tendencia pasajera ni una decisión coyuntural, sino parte de un compromiso institucional con los derechos humanos, la igualdad de género, la inclusión y la no discriminación, principios que orientan nuestro quehacer académico y formativo.
Nuestra “Guía de Orientación para una Comunicación Inclusiva y No Sexista en la Universidad de Atacama” surge precisamente de la convicción de que las palabras no son neutras sino que contribuyen a visibilizar o invisibilizar personas, colectivos, experiencias y trayectorias. Por ello, promovemos formas de comunicación que reconozcan la diversidad de quienes integran nuestra comunidad universitaria, evitando sesgos, estereotipos y expresiones discriminatorias.
Este trabajo no responde únicamente a una convicción ética. También se encuentra alineado con la legislación vigente, con los estándares de calidad para la educación superior y diversos instrumentos internacionales de derechos humanos que Chile ha suscrito.
La Universidad de Atacama ha avanzado de manera concreta en esta materia. La creación de la Dirección de Género, Diversidades e Inclusión, la transversalización de la perspectiva de género y el enfoque inclusivo en el currículum formativo, el desarrollo de políticas y mecanismos, capacitaciones y orientaciones técnicas son parte de un proceso que busca fortalecer una cultura universitaria más respetuosa, democrática y accesible para todas las personas.
Las decisiones o debates que puedan surgir en distintos contextos no modifican el compromiso que la Universidad de Atacama ha asumido de manera sostenida con una comunicación inclusiva y no sexista. Se trata de una política institucional construida triestamentalmente, coherente con nuestro proyecto educativo y con los principios que nos orientan: la igualdad, la inclusión, el respeto por los derechos humanos y la no discriminación.
Porque comunicar también es educar. Y educar, en una universidad pública y estatal, implica avanzar decididamente hacia una sociedad más inclusiva, equitativa y respetuosa de la dignidad humana.


