Por Rodrigo Gamonales Mardones, académico de la Facultad de Medicina, Universidad de Atacama
Cada 27 de septiembre, el Día de la Odontología invita a reconocer a quienes ejercen esta profesión en Chile. La fecha también ofrece una oportunidad para mirar una realidad que suele hacerse visible cuando aparece el dolor: la salud bucal influye en nuestra capacidad de comer, hablar, dormir, estudiar, trabajar y relacionarnos con otras personas. Conmemorar a los odontólogos y odontólogas exige, por tanto, preguntarnos qué lugar ocupa la salud bucal en nuestras prioridades sanitarias.
El rol del odontólogo va mucho más allá de tratar caries o extraer dientes. Incluye detectar enfermedades a tiempo, conservar piezas dentarias, atender urgencias, rehabilitar funciones perdidas y acompañar a las personas durante todo el curso de vida. También implica reconocer lesiones de la mucosa oral que requieren estudio, orientar sobre factores de riesgo y trabajar junto con otros profesionales de la salud. Una atención integral entiende que detrás de cada boca hay una persona con necesidades, posibilidades de acceso y circunstancias propias.
Las cifras ayudan a comprender la magnitud del desafío. Los estudios nacionales que recoge el Plan Nacional de Salud Bucal 2021–2030 estimaron una prevalencia de caries de 17,5 % a los dos años, 50,4 % a los cuatro, 70,4 % a los seis y 62,5 % a los doce años. Son datos provenientes principalmente de estudios realizados entre 2007 y 2010; no deben confundirse con una medición de 2026. Su valor está en mostrar que el daño puede comenzar muy temprano y acumularse antes de que una persona llegue a la adultez.
En las personas adultas, la pérdida dentaria revela otra dimensión del problema. Según la Encuesta Nacional de Salud 2016–2017, el 62,2 % de la población de 15 años o más presentaba pérdida parcial de dientes y el 5 %, pérdida total. Entre los 65 y 74 años, esas proporciones alcanzaban el 79,8 % y el 17,6 %, respectivamente. Detrás de estos porcentajes hay dificultades para masticar, necesidades de rehabilitación y efectos sobre la vida cotidiana que no debiéramos aceptar como una consecuencia inevitable de envejecer.
En Atacama existe un antecedente regional que merece atención: en 2016, el Ministerio de Salud informó que un 64 % de los niños y niñas de seis años de la región presentaba caries. La cifra es antigua y no describe por sí sola la situación actual, pero ilustra por qué la prevención desde la primera infancia debe seguir siendo una prioridad local. A la vez, evidencia la necesidad de contar con mediciones regionales periódicas y públicas que permitan evaluar los avances y orientar mejor los recursos.
Nuestra región necesita respuestas que lleguen oportunamente a jardines infantiles, escuelas, centros de salud y comunidades. El Servicio de Salud Atacama contempla estrategias como Sembrando Sonrisas, que combina educación, evaluación bucal y aplicación de barniz de flúor en párvulos, además de atención odontológica en la red de atención primaria. Estas acciones muestran que prevenir y tratar forman parte de una misma responsabilidad: cuidar antes de que aparezca el daño y responder cuando la enfermedad ya está presente.
Promover la salud bucal tampoco consiste únicamente en repetir que debemos cepillarnos. Las recomendaciones sobre higiene, uso de pasta fluorada, alimentación y controles necesitan condiciones que hagan posible seguirlas. La evidencia nacional muestra una mayor prevalencia y severidad de caries en poblaciones rurales y de menor nivel socioeconómico. Por ello, educar es indispensable, pero su efecto será limitado si una familia enfrenta barreras para acceder a atención, conseguir insumos o recibir seguimiento oportuno.
Ahí radica una parte esencial del trabajo odontológico: escuchar a las comunidades y construir soluciones con ellas. Una actividad educativa en un jardín infantil puede ayudar a instalar hábitos tempranos; un control en atención primaria puede identificar lesiones cuando aún es posible detener su progresión; y una atención restauradora o rehabilitadora puede devolver bienestar a quien lleva años viviendo con dolor o dificultades para alimentarse. La investigación y el trabajo territorial también permiten saber a quiénes estamos llegando y quiénes siguen quedando fuera.
En este Día de la Odontología, corresponde agradecer la labor de odontólogos, odontólogas, técnicos y equipos de salud bucal. Pero el reconocimiento debe ir acompañado de una decisión colectiva: dar a la promoción y la prevención la continuidad que requieren, fortalecer el acceso a la atención y producir mejores datos para Atacama. El éxito de la odontología no se mide solo por los tratamientos realizados. También se reconoce en cada enfermedad que pudo evitarse, en cada diente que pudo conservarse y en cada persona que pudo vivir mejor gracias a una atención oportuna.


