Más allá de septiembre: La prevención del suicidio como compromiso comunitario continuo

Ya ha terminado septiembre, un mes en el que hemos puesto especial atención en hablar sobre la
prevención del suicidio, en visibilizar aquello que muchas veces permanece en silencio y en
recordarnos la importancia de estar disponibles para nuestro entorno. Pero que termine septiembre
no significa que termine esta tarea. La prevención del suicidio no puede reducirse a una fecha, una
campaña o un mes en el calendario: es un trabajo que debemos sostener colectivamente, durante
todo el año, construyendo espacios donde encontrarnos, escucharnos y acompañarnos sea
realmente posible. Y es que, en un mundo donde todavía existen tantos tabúes, encontrarnos puede
hacerse profundamente complejo. Vivimos a un ritmo que pocas veces nos permite detenernos, dar
espacio a lo que sentimos y simplemente conversar. Sin embargo, hay conversaciones que pueden
cambiar algo en nosotros y nosotras: conversaciones que nos permiten sentirnos acompañados, que
nos hacen florecer, volver a creer y volver a confiar.

Septiembre es el mes de la prevención del suicidio, una temática que como sociedad necesitamos
atrevernos a instalar y que, como Universidad de Atacama, hemos querido incorporar en el ADN de
nuestra institución, no solo desde lo declarativo, sino también desde la acción. Entender la salud
mental y el bienestar implica reconocer que no se trata de un asunto aislado ni exclusivamente
individual, ni tampoco de una responsabilidad que recaiga únicamente en profesionales de la salud
mental. El cuidado es también comunitario (o colectivo). El suicidio es un fenómeno complejo y
multifactorial, en el que interactúan factores individuales, familiares, sociales y ambientales; por eso
prevenir requiere actuar en distintos niveles, disminuir factores de riesgo, fortalecer factores
protectores y construir comunidades donde existan vínculos, apoyo social y posibilidades reales de
acceder a ayuda. Durante mucho tiempo hemos aprendido que mostrar nuestra vulnerabilidad
puede ser signo de debilidad, como si siempre tuviéramos que poder con todo, incluso cuando
sentimos que estamos en medio de un mar cuyas olas ya no sabemos cómo surfear. Pero quizás
necesitamos comenzar a mirar la vulnerabilidad de otra manera: reconocer que algo nos duele, decir
que no podemos solos o solas, pedir ayuda o permitir que alguien nos acompañe también requiere
entereza. Creo firmemente que avanzar hacia una cultura del cuidado mutuo depende no solo de lo
que haga un profesional o de lo que pueda hacer individualmente una persona, sino también del
contexto sociocultural que construimos entre todas y todos. Por eso necesitamos seguir derribando
mitos y prejuicios. Uno de ellos es creer que hablar de suicidio o preguntar directamente puede
provocar que una persona piense en hacerlo, por el contrario, evitar esta conversación puede
transformarse en una barrera para detectar el riesgo, mientras que abrirla de manera clara,
responsable y sin juicios puede facilitar que alguien exprese aquello que está viviendo y pueda recibir
apoyo. No necesitamos tener las palabras perfectas, tampoco resolver inmediatamente lo que le
ocurre al otro. Muchas veces acompañar comienza con algo tan humano como sentarnos, estar
disponibles y escuchar genuinamente. El modelo DAS (Detección, Apoyo y Seguridad) es una
estrategia nacional de prevencion de suicidio del ministerio de salud, nos recuerda precisamente que
ofrecer un primer apoyo no requiere necesariamente especialización, sino un encuentro humanizado
y una actitud genuina de querer ayudar. Prevenir también significa aprender a detectar señales,
atrevernos responsablemente a abrir conversaciones, ofrecer un espacio de escucha y contención y,
cuando sea necesario, ayudar a activar redes y facilitar el acceso a servicios de salud.

Esta es una temática que, de una u otra manera, nos toca: quizás hemos estado ahí, quizás hemos
acompañado a alguien o conocemos a una persona que atravesó uno de esos momentos en que
continuar parecía demasiado difícil. Por eso hablar de suicidio nunca será sencillo, pero el silencio
tampoco puede seguir siendo nuestra respuesta. Como Universidad de Atacama nos sumamos al
lazo amarillo, símbolo de la prevención del suicidio, entendiendo que detrás de él existe un
compromiso mucho mayor: construir una comunidad donde pedir ayuda no sea motivo de
vergüenza, donde podamos mirarnos sin prejuicios, donde sepamos detenernos y preguntar cómo
está, y donde nadie tenga que atravesar sus momentos más difíciles en soledad. Este cambio cultural
no ocurre de un día para otro, se construye poco a poco, en la forma en que hablamos, escuchamos,
acompañamos y nos hacemos responsables del cuidado mutuo. Quizás no podamos evitar todas las
olas que aparecerán en la vida, pero sí podemos aprender a enfrentarlas juntas y juntos.

A veces prevenir comienza precisamente ahí: encontrándonos, conversando y haciendo sentir que no
está sola, ni solo.

Líneas de ayuda:

  •  *4141 Linea de prevención del suicidio
  • 600 360 7777 Salud Responde
  • https://hablemosdetodo.injuv.gob.cl/
  • Atencionpsicologica@uda.cl Para estudiantes de la Universidad de Atacama

Esteban Alanis Alanis
Psicólogo
Director de Género, Diversidades e Inclusión
Universidad de Atacama

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