La economía chilena atraviesa un escenario complejo, caracterizado por señales incipientes de recuperación de la actividad productiva, un desempleo persistentemente elevado y perspectivas de crecimiento moderadas. A ello se suman las limitaciones de la política monetaria nacional, la incertidumbre financiera internacional y las restricciones comerciales estadounidenses, factores que condicionan las decisiones de inversión empresarial. En este contexto, surge una interrogante fundamental: ¿cómo podrá Chile reducir sostenidamente el desempleo si la recuperación económica continúa siendo débil y persisten condiciones que dificultan la inversión y la contratación?
El último Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec), publicado por el Banco Central el 2 de noviembre, registró un crecimiento interanual de apenas 0,2% en septiembre de 2026, después de las contracciones de 1,5% en julio y 1,0% en agosto. Aunque la actividad desestacionalizada aumentó 1,9% respecto del mes anterior, esta recuperación todavía resulta insuficiente para confirmar un cambio sostenido de tendencia. De hecho, los resultados mensuales apuntan a una contracción interanual durante el tercer trimestre, cuya magnitud deberá confirmarse con las cifras oficiales del PIB.
El comportamiento sectorial revela importantes diferencias. Mientras la actividad no minera creció 2,0% interanual en septiembre, la minería retrocedió 12,1%, principalmente por una menor extracción de cobre. En contraste, el comercio y la industria manufacturera registraron expansiones de 4,5%. Si bien la minería mostró una recuperación mensual tras superar dificultades operacionales y climáticas que afectaron agosto, su desempeño interanual continúa condicionando el crecimiento agregado, pese al dinamismo de otras actividades.
La debilidad económica también se manifiesta en el mercado laboral. Según el Instituto Nacional de Estadísticas, la tasa de desocupación alcanzó el 9,8% durante el trimestre julio-septiembre de 2026, aumentando 1,3 puntos porcentuales respecto del mismo período del año anterior. Simultáneamente, la ocupación disminuyó 1,1% y el empleo asalariado formal retrocedió 2,5%. Estos resultados evidencian dificultades para generar suficientes puestos de trabajo, aunque su persistencia y sus causas estructurales requieren un análisis de mayor alcance.
La política monetaria introduce un desafío adicional. En octubre, el Banco Central de Chile mantuvo la Tasa de Política Monetaria en 4,5%, mientras la Reserva Federal estadounidense conservó su rango de referencia entre 3,75% y 4,00%. Aunque las tasas estadounidenses se encuentran por debajo de sus máximos recientes, su trayectoria futura continúa siendo relevante para las condiciones de financiamiento internacional, los movimientos de capital y el tipo de cambio. En Chile, las presiones inflacionarias restringen el margen para continuar reduciendo la tasa de interés, precisamente cuando la debilidad de la actividad plantea la necesidad de estimular la inversión.
Esta tensión evidencia los límites de la política monetaria para resolver, por sí sola, los problemas del mercado laboral. El costo del financiamiento constituye una variable relevante, pero las decisiones empresariales también dependen de las expectativas de demanda, la rentabilidad de los proyectos y las condiciones estructurales de la economía.
El entorno comercial internacional agrega incertidumbre. Estados Unidos elevó al 12,5% la sobretasa arancelaria aplicable a determinados productos chilenos, afectando aproximadamente al 40% del valor exportado hacia ese mercado, aunque importantes productos mineros permanecen excluidos. Estas medidas podrían reducir la competitividad de algunos sectores exportadores y afectar sus decisiones de inversión. A nivel interno, el Índice Mensual de Confianza Empresarial de octubre alcanzó 46,71 puntos, por debajo del umbral neutral de 50, mientras las expectativas de empleo se situaron en 44,2 puntos, reflejando cautela respecto de futuras contrataciones.
Atacama: crecimiento económico y generación de empleo
La Región de Atacama permite observar una dimensión estructural de este desafío. Durante el segundo trimestre de 2026, su PIB creció 8,3%, impulsado principalmente por la minería. Sin embargo, en el trimestre julio-septiembre la tasa de desempleo regional alcanzó 8,8%. Aunque ambas cifras corresponden a períodos distintos, ilustran la necesidad de examinar cómo se transmite el crecimiento productivo hacia el mercado laboral.
La minería, caracterizada por una elevada intensidad de capital y tecnología, puede incrementar significativamente su producción sin requerir aumentos proporcionales de trabajadores. Por ello, sus efectos sobre el empleo regional dependen también de la articulación con proveedores locales, construcción, transporte, comercio y servicios, actividades capaces de ampliar el impacto económico de las inversiones mineras.
En este contexto, la realización del XI Coloquio Minero de la Universidad de Atacama adquiere especial relevancia como espacio de encuentro entre la academia, la industria y los actores del desarrollo regional. Más allá de reconocer el dinamismo minero, esta instancia invita a reflexionar sobre cómo la innovación tecnológica, la formación de capital humano y el fortalecimiento de los proveedores locales pueden contribuir a transformar la expansión productiva en mayores oportunidades laborales y en una economía regional más diversificada.
Desde la teoría económica, la Ley de Okun establece una relación inversa entre crecimiento y desempleo, cuya intensidad depende de factores como la productividad, la estructura sectorial y la evolución de la fuerza laboral. En consecuencia, una recuperación del PIB no garantiza automáticamente una reducción significativa de la desocupación, especialmente cuando la expansión se concentra en actividades con menor intensidad de empleo.
En definitiva, la disminución sostenida del desempleo chileno dependerá tanto de la recuperación del crecimiento como de su capacidad para impulsar la contratación. La estabilidad monetaria, la inversión productiva y la diversificación económica constituyen dimensiones complementarias de este desafío, particularmente en regiones especializadas en recursos naturales como Atacama. La cuestión central no es únicamente cuándo recuperará Chile un mayor dinamismo económico, sino si esa recuperación tendrá la magnitud y las características necesarias para revertir el deterioro laboral y generar oportunidades de empleo sostenibles.


