La enfermería en la era digital: acompañar, motivar y transformar vidas

Columna de opinión por: Bárbara Barrantes Cisternas, Coordinadora Clínica Territorial, Proyecto Salud Digital Atacama FACMED/ UDA

Como profesional de enfermería, siempre he entendido que mi misión principal es gestionar el cuidado. Hoy, gracias al Proyecto Salud Digital Atacama, esa labor se ha expandido hacia un territorio innovador: la salud digital. Ser parte de esta experiencia es un desafío, pero también un privilegio, porque me permite acompañar a personas con enfermedades cardiovasculares en un proceso que combina tecnología y humanidad.

En esta iniciativa, seleccionamos a 140 usuarias y usuarios del Programa de Salud Cardiovascular, en Tierra Amarilla, Alto del Carmen, Chañaral y Diego de Almagro, capacitándoles en el uso de tecnologías como sensores de glicemia continua, glucómetros digitales y tensiómetros conectados. Al inicio, muchos de ellos enfrentaron obstáculos: desde no saber encender un teléfono inteligente hasta sentir temor por equivocarse en el uso de una aplicación. La brecha tecnológica fue, y sigue siendo, uno de los retos más grandes.

Ahí es donde la enfermería cobra un rol esencial. No basta con entregar un dispositivo; es necesario acompañar, motivar y enseñar con paciencia, adaptando el cuidado a cada realidad. A través de llamadas, mensajes de WhatsApp o videollamadas, he podido estar presente en el día a día de cada paciente, resolviendo dudas y reforzando su confianza. Esa cercanía, incluso a la distancia, ha permitido que muchas personas superen sus temores iniciales y logren adherirse de manera sostenida al monitoreo digital.

Lo más gratificante de este proceso es ver cómo las y los pacientes transforman su relación con la salud. El envío diario de datos no solo fortalece el seguimiento clínico, sino que empodera a cada persona, haciéndola protagonista activa de su autocuidado. La salud digital no reemplaza el cuidado humano, lo potencia: la tecnología es un puente, pero la clave sigue siendo la presencia, la escucha y la empatía.

Ser parte de este engranaje innovador me emociona profundamente. En el Mes del Corazón, reafirmo que la enfermería no solo cuida cuerpos: acompaña historias, teje confianza y transforma vidas. Y hoy, en Atacama, lo hacemos también a través de la pantalla, porque la cercanía no depende de la distancia, sino de la voluntad de estar presentes.

 

Compartir