Retrato de la académica Paulina Castillo Órdenes del Departamento de Enfermería de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Atacama

Salud y educación: Aprender bien también es vivir bien

Columna de opinión por la académica Paulina Castillo Órdenes del Departamento de Enfermería de la Facultad de Ciencias de la Salud

En el inicio de este año académico es necesario reflexionar como influye la salud individual y colectiva en el ambiente de aprendizaje adecuado para la comunidad educativa, esto no solo en la Universidad sino para cualquier nivel educativo.

Desde el año 1905, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la ciencia y la cultura (UNESCO), impulsan iniciativas para generar estrategias que beneficien la salud de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, considerando entornos saludables para el aprendizaje, tanto en la dimensión física que considera el saneamiento básico, seguridad, infraestructura, entre otros, como en la dimensión psicosocial, tomando en consideración el respeto entre las personas, la flexibilidad, respetando los derechos humanos y la adaptación del entorno. 

La educación es un factor protector en diversos ámbitos. Desde el punto de vista individual,  algunos beneficios van desde tener un entorno seguro, hasta enlentecer el proceso de envejecimiento y prevenir ciertas enfermedades, desde el punto de vista de comunidad es aportar a la sociedad con mejores capacidades para ser personas exitosas en el día a día. Es por esto que es muy importante conocer el estado de salud de las y los estudiantes y trabajar en medidas de fomento y promoción del autocuidado.

Pero, ¿cómo podemos equilibrar nuestras acciones dentro del aula para generar un entorno adecuado y saludable? Una medida básica y fundamental en el ambiente educativo es generar espacios adecuados para lograr un aprendizaje significativo. El ambiente de aprendizaje requiere de flexibilidad, seguridad emocional, respeto mutuo y generar el aprendizaje centrado en el estudiante, tal como lo menciona nuestro modelo educativo. Las y los académicos somos parte de ese ambiente de aprendizaje y, si bien las actividades deben estar centradas en el estudiantado, es nuestro deber y responsabilidad, generar estos espacios, identificar dificultades en el aprendizaje y/o problemas de salud que puedan interferir con el normal desarrollo estudiantil, generando las respectivas derivaciones y trabajo conjunto con las unidades de apoyo institucional del Sistema de Apoyo Integral al Estudiante (SAIE). 

El nivel de salud de cada estudiante influye en el rendimiento académico, por lo cual es importante mantener estilos de vida saludable como: Realizar actividad física, la cual se asocia a mejor capacidad de concentración y rendimiento académico, asegurar la higiene del sueño, es necesario dormir el tiempo y calidad adecuadas (8 horas aproximadamente), lo que ayuda a fijar lo aprendido como memoria de largo plazo, cuidar la salud mental que es fundamental para manejar la ansiedad y el estrés durante el proceso formativo, alimentarse adecuadamente, es importante comer alimentos saludables e hidratarse con agua durante el día, para mantener mejor concentración y rendimiento.

El mantener una comunidad saludable y resguardar la calidad de vida de nuestros futuros profesionales, es responsabilidad de todas y todos. Nuestra institución se encuentra preocupada y ocupada en estos aspectos, como muestra de esto  es  que durante el año 2025, sólo el Centro Universitario Promotor de Salud realizó alrededor de 3000 atenciones de profesionales. Además, se realizaron diversas actividades de promoción y prevención en salud en todos los campus, con la finalidad de mantener y recuperar la salud de la comunidad educativa, para que quienes la componen puedan demostrar su máximo potencial y ser los profesionales de excelencia que nuestro entorno requiere.

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